El Pole, Un Arte Camaleónico


Porqué hay a quienes nos ofende que se nos insinúe que ser atleta de pole es lo mismo que ser stripper? Es porque ser stripper nos parece algo despreciable? No, al menos no para mí. 

El pole dance tiene la capacidad de llegar a ser muy sexy y seductor. De hecho, TODA forma de danza puede ser sexy, desde las más popularmente conocidas por ser “sexy”, como la salsa, la bachata o el twerk, hasta incluso formas de danza que no relacionamos directamente con la sensualidad, como el contemporáneo y las danzas clásicas.  La danza es una herramienta para transmitir emociones y mensajes, es un lenguaje, así como puedo decir leperadas puedo hacer poesía. 

El erotismo es tan solo una de las tantas emociones que podemos transmitir bailando.

Al igual que cualquier otro tipo de danza, el pole dance puede ser sumamente sensual, pero de la misma forma puede ser totalmente lo opuesto. Para mí surge una molesta situación cuando la segunda opción resulta inconcebible para algunas personas, quienes van a sexualizar mi disciplina se les muestre como se les muestre. Es casi ofensivo simplificar o reducir tanto el complejo arte del pole a ser simplemente sexy o seductor. Es un arte que te permite hablar con el movimiento utilizando la barra como herramienta de experimentación, y la lista de cosas que se pueden decir con él es infinita.

El pole dance lo relacionamos directamente con el baile erótico que realizan las strippers en los barra show, profesión que no desprecio ni veo de menos, pero lo lastimoso es no poder siquiera concebir el pole fuera de ese contexto. Es no apreciar y valorar el enorme potencial que la disciplina tiene como deporte de alto nivel, o forma de expresión artística, y todo por puro prejuicio e ignorancia.  El pole existe  en escenarios completamente desligados al erotismo. Esos contextos son el deportivo y el artístico. El pole deportivo busca perfección y precisión técnica, y un alto nivel de dificultad acrobática, el erotismo es ingrediente  inexistente en una rutina de pole sport. El pole artíscito es utilizado como herramienta visual dentro de espectáculos de arte, danza o teatro. 

La gran similitud que existe entre el pole erótico y el pole dentro de otros contextos es la herramienta que se utiliza, osea la barra, pero más importante aún es lo que lo diferencia, tanto la forma en que se utiliza esa herramienta, el lugar adonde se realiza, para quien, con qué objetivo, y lo que quiero transmitir cuando lo realizo.

Siempre habrán personas que no importa cómo se lo digas, o se lo muestres, son tan cerradas y tienen tan pocas ganas de informarse que se les hace imposible ver o aceptar posibilidades distintas a las que conocen dentro de su pequeño espacio de realidad.  Es una lástima por esas personas ya que el ser lo suficientemente curioso y abierto como para explorar distintas realidades a la propia, o a lo que nos enseñan desde pequeños es lo que te convierte en una persona más evolucionada, conocedora y enriquecida. Esas personas cerradas se pierden de bastante. 

Ahora bien, que el pole pueda desligarse del erotismo no significa que el erotismo sólo pueda existir desligado de lo artístico. Es decir, sí puede haber artisticidad en lo erótico, desde desnudos en fotografía, pintura, hasta en espectáculos culturalmente reconocidos como el famoso show de Burlesque  parisino, el Moulin Rouge. De hecho, en épocas de la antigua Roma, los desnudos realizados por pintores como Michelangelo y Leonardo Da Vinci eran vistas como pornografía, ahora las reconocemos como arte.  El pole utilizado de forma erótica puede ser algo hermosamente artístico, ya que la barra como lo dije antes, es tan sólo una herramienta.

Finalmente cualquier forma de danza, incluyéndo el pole en cualquier contexto, te convierten en una persona que se sabe amar, que se siente sexy. No por que lo hagas para seducir a otros, sino porque te permite entrar en mejor contacto tanto con tu cuerpo como con tus movimientos, y eso brinda seguridad en cualquiera. A través de la danza buscamos seducirnos a nosotros mismos,  crear un movimiento que nos plaza, y disfrutar el proceso, para nuestro propio disfrute y para el de nadie más. Llegamos a conocernos tan íntimamente que terminamos sintiéndonos cómodos/cómodas en  nuestra piel, amándo el movimiento tan lindo que podemos lograr, y el cuerpo con el que podemos lograrlo. Eso supera cualquier “cuerpo superficialmente perfecto” o intento de seducir a otro.